• Sebastián Abril

POSIBLES FOGATAS PARA EL FRÍO

05.04.21


Me ha costado escribir en los últimos meses. Este blog no tiene entradas desde el texto que hicimos sobre Ema, de Pablo Larraín. De esos párrafos quiero decir que sigo enamorado de una película como Breve Historia del Planeta Verde. Invito a quienes no han leído el texto a que acudan a él una vez terminen con este (creo que el cierre apoya las ideas que me propuse explorar al relacionar la película de Larraín con la de Santiago Loza). Pero son cosas diferentes las que hoy nos reúnen, dos en particular: el frío y las películas. Sí, es que hace un frío polar en Bogotá desde enero. La mayoría del tiempo tengo los pies helados y a veces duele moverlos. Con la excusa de arroparme —entre mantas, bufandas, cobijas, sacos de lana y chaquetas que tenga a disposición— pongo una, dos o tres películas al día; otros días decido sencillamente no ver ninguna, prefiriendo investigar y pensar sobre las que vi en los días anteriores. Cada cierto tiempo se dan encuentros de discusión y crítica en compañía, son momentos que disfruto porque combaten el frío y la soledad que juntos se vuelven insulsos.


Entonces, este texto está dedicado a una serie de películas que he visto entre enero y marzo de 2021. También es un texto de encuentro, entre yo como espectador de películas y usted como lectora o lector del diario. En una pasada muy limitada el primer trimestre del año se lo dediqué a historias sobre familias rotas y en desgracia, mujeres a cargo, romances fugaces e interesados, nacionalismos y regímenes militares. Mi invitación es a repetirse este ritual. Quizá viendo las películas de las que escribo a continuación, o de pronto películas escogidas por su propio impulso. Presiento que estaremos de acuerdo en que el hábito de ver películas es la única manera de recorrer territorios —incluso de transitar el universo exterior, los planetas y las galaxias— sin gastar un peso; es la única vía segura de estar agrupados sin riesgo de contagiarnos saliendo a la calle (aunque eso ya no le importe a muchas personas). Así las cosas voy a compartir con ustedes un poco del cine que me ha hecho sentir vivo y menos frío en estas primeras semanas del año. Aquí la leña y el carbón:


A TASTE OF HONEY, 1961

TONY RICHARDSON



Tony Richardson es antólogo de películas que muestran la vida de mujeres jóvenes, en negativa con su madre, pronto a graduarse de la escuela y con deseos afanosos de independizarse y enamorarse. Aunque es dirigida por un hombre, A Taste of Honey hace parte de esta suma feminista de películas. La protagonista es una adolescente de barrio obrero londinense que vive con su madre viuda. La pareja vive en la rutina de habitar lugares donde nunca pagan la renta. El único ingreso de dinero que llega a la pequeña familia tiene origen en los amoríos de la madre con hombres mucho más jóvenes que ella. Hasta que decide casarse con uno de ellos y dejar a su hija Jo a causa del continuo reproche y marcada actitud pedantesca. Es claro que la hija le oculta diversas situaciones a su madre, no obstante, es el personaje del que el espectador más sabe. La madre no tiene conocimiento de quién es el marinero con el que casualmente se encuentra a diario, nosotros incluso sabemos de su primera noche juntos. Tampoco sabe que la joven está embarazada y que el niño probablemente sea racializado —lo sabrá, pero solo hasta el final de la película, a manera de lección—. Más adelante la joven conoce a Geoffrey, quien encuentra en ella un ser herido, en busca de hogar y cuidado personal. Son una de esas representaciones multívocas y dinámicas del cine y la vida: dúo entre mujer heterosexual y hombre homosexual. A diferencia de Jo y su madre, la pareja demuestra el alcance de atravesar los peores días en compañía; y a pesar del protagonismo de las fatalidades en la vida de la joven, es la madre quien evoluciona como personaje, entenderá que su hija necesita atención porque no será capaz de tener un primogénito por su cuenta. En A Taste of Honey, Helen es el anverso de su hija, quien al inicio de la película profetizó la experiencia filmada por el director: “Why can’t you learn from my mistakes? […] Marriage can be murder for a kid”.


THE RIVER, 1997

TSAI MING-LIANG



El hijo único protagonista de esta película, Hsiao-Kang, participa de una filmación como cuerpo flotante en un río local de Taipei en Taiwan. Desde el término de la filmación el joven comienza a sufrir molestias en su cuello, establecido más tarde como motivo de encuentro entre su padre, madre y él mismo. The River avanza en su configuración de historias desvaídas al presentar personaje por personaje, tomarse el tiempo de naufragarlos como ríos independientes que hacen parte de una misma red hidrográfica. Padre, madre e hijo tienen vidas separadas, distantes como sus propios mundos acuáticos que nunca chocan fraternalmente. Por un lado, el hijo parece tener intereses en ser actor o aparecer en las películas —por ello acepta el papel temporal que le proponen en el río—. Su aspecto es de joven galán asiático y su habitación es de color azul con afiches de películas extranjeras. En la proximidad se encuentra su madre, que parece tener una relación mucho más cercana con él. Sin embargo, siéndole infiel al matrimonio que tiene con el padre. Este último, asiste a lugares frecuentados por hombres homosexuales y sus familiares no saben que su habitación sufre de una repetitiva inundación causada por la extraña filtración de agua en las paredes. Hay algo que corre con ahínco y fluye en toda la película, a diferencia de la intimidad familiar malograda. Es el agua, importante elemento de la película y que el director decide desarollar en todo el film: la gotera latosa y desesperante en la habitación del padre, el río que se usa como locación de filmación, beber diferentes líquidos, el acto de venirse en el sexo y el agua de las duchas en los moteles. Cada uno debe hacerse responsable de algo y lo más importante será que el padre se haga cargo de su hijo: llevarlo a diferentes lugares de tratamiento y examen, sintiendo una extrema pena por él y un interés por su pronta recuperación. Entretanto, la madre pareciera ser cada vez más presa de la distancia, sabemos únicamente de su atención a la pornografía y su amante. La película termina con Hsiao-Kang de espaldas, corriendo la cortina de su habitación dejando entrar luz, represando así los cauces que hasta ese momento inundaban tres vidas de la misma familia.


SONGS FROM THE SECOND FLOOR, 2000

ROY ANDERSSON



En la apertura de la película se lee: “Amados aquellos que se sientan…” una línea de César Vallejo, poeta reverenciado por el director de la película. Imagino a esos que se sientan como aliados a Andersson porque deciden dejar de ser severos al escoger la mesura. Songs from the Second Floor es un prontuario de accidentados y enfermos. En muchos casos se decide filmar la causa de sus accidentes. Ejemplo es un grupo de jóvenes blancos que asalta a un hombre extranjero perdido en la calle. El inmigrante muere allí frente a un rígido grupo de personas que no hace nada para ayudarle. De este tipo de personajes también es notorio un rechazo a la poesía y el pensamiento intelectual, visto en este caso por el padre-protagonista como una abominación (por ello interna a su hijo en un sanatorio). Afortunadamente, la razón triunfante en el mundo mecánico de estos personajes tiene una faz diáfana que los delata como seres humanos vulnerables y complejos. Con puesta en escena construida en estudio que ha caracterizado durante dos décadas la obra del director sueco Roy Andersson, en su narrativa se permite referenciar los métodos de Buñuel del tipo: una mujer es víctima de su propia embriaguez y no puede levantarse del suelo; en otra cantina una mujer le dice a su hermana —usando el teléfono de disco— que el tráfico no le ha permitido salir de allí. Son encerronas laberínticas que aprisionan a los personajes. Como pesadillas en bucle no les permiten la literalidad del presente continuo y revelan las absurdidades de su época. En otro momento y haciendo uso mismo de su racionalismo los grupos de más alto nivel económico proceden con vileza al sacrificar una niña tirándola de un acantilado, de esta niña se dice que ha leído muchos libros. Sádico ritual en contra del eclosionamiento de la juventud y el conocimiento. Representan a las generaciones monárquicas, dictatoriales y burguesas condenadas a su reinvención a través de métodos satánicos y aniquilantes. Me basta para considerar la película como un contragolpe al triunfo de la razón y el nacionalismo en algunos territorios de Europa y el mundo luego de la Segunda Guerra Mundial, siendo este un monotema del director en otras de sus películas.


MACBETH, 1948

ORSON WELLES



Nótese que por esta parte vamos hablando un poco más de tesituras dictatoriales y amenazantes. De hombres malvados a lo largo de la humanidad se puede mencionar un centenar de personalidades, políticos y celebridades. No obstante es la monarquía el génesis de las estructuras sociales fulminantes motivadas por la ambición de riqueza y poderío. El Macbeth de Orson Welles es posiblemente una visión opaca, negra y carbonizada. El malicioso personaje de Shakespeare es dirigido por Welles —e interpretado por él mismo— de manera que sus avances sean una conquista propia de la oscuridad. Ese trabajo es realizado en conjunto. El par de Macbeth y Lady Macbeth se recorren la pirámide de mando a través del asesinato y la mentira. Verlos perder el juicio y escenificar la codicia me dejaron paralizado. Cosa que películas más severas en sus propuestas estéticas no logran. A Welles le basta la dirección, la interpretación y un extraordinario despliegue de vestuarios. Más adelante el protagonista comienza a ser hostigado por el asesinato, el muerto y la enfermedad mental. A él le sigue Lady Macbeth que se obsesiona con la hemoglobina derramada y esas manchas en sus manos. Esta película es un baño de sangre con su campo de batalla situado al interior del castillo. Es una película bélica desde adentro del núcleo monárquico. No es una historia de reinos contra reinos, sino de traidores contra reyes, y fieles contra traidores.


Z, 1969

COSTA GAVRAS


“…es el esquema que un lúcido oportunista le desliza al oído”

—Irracionalismo y eficacia, Julio Cortázar



Z, del director griego Costa Gavras. Expediente de testimonios que nos sitúa en un mundo donde se habla el francés pero que podría ser cualquier otro. El argentino, el estadounidense o el colombiano. No se teme en comenzar la película con la sentencia: “Nuestras imágenes pueden parecer tener relación con personajes y situaciones reales. Eso es totalmente intencional”. Aquí su director filma las realidades de lo que anteriormente Roy Andersson integró en viñetas cadavéricas de sátira y comedia. Z es una historia de juntas militares, magistrados, policías, médicos, figuras políticas de oposición y bandidos; sabotaje y persecución de beatos en contra de la ideología y fuerza política discrepante, estos últimos amenazados por grupos nacionalistas que creen ser una brigada de anticuerpos. El grupo títere en la película se conforma de panaderos, carpinteros, conductores, tenderos y maleantes de barriada. A todos se les dice a quién asesinar y cómo hacerlo, órdenes que llegan desde la cúpula de generales y altos mandos policiales. A esta clase obrera le prometían trabajo, casas y permisos. Tiene que ver con la pobreza y el nivel de educación de estos personajes, los organizadores del malvado plan únicamente les ve como el medio para lograr sus fines y así evadir las consecuencias que esos actos de violencia generan. Dos trabajos persisten en contra del sabotaje: la prensa y la investigación judicial. Por un lado, el ímpetu del periodista-fotógrafo que siempre persigue a la fuente poniendo en riesgo su propia vida; y la actitud insistente del magistrado por interrogar a cada persona involucrada, nunca cediendo ni aflojando justicia con los más poderosos. Cosas que genuinamente hacen de esta película un film de testificaciones y entrevistas. El título puede ser Z de abecedario y Z de papeleo. Aquí todos tienen una historia, “una verdad”, una declaración que hacer.


LAS RAZONES DEL LOBO, 2020

MARTA HINCAPIÉ URIBE



En esta película de la directora Marta Hincapié Uribe se asiste a la narración de un relato personal y con apellido. Es sobre la propia familia de la directora. Sin salir del club social en el que la cámara permanece (salvo en contadas ocasiones, sale para introducir y concluir a la película) escuchamos continuamente la voz de la directora, quien detalla las conexiones de su familia con los gobiernos conservadores de Medellín y también el importante papel de su madre como revolucionaria en el aula universitaria y el papel. Es para mí, en ese sentido, la película sobre una madre rebelde que vivió entre familiares conservadores y pequeño burgueses. A pesar de ello una madre sin deseos de convertirse en primera dama y que a lo largo de los años hizo enemigos por sus columnas reaccionarias en distintos periódicos y medios de comunicación colombianos. Obsérvese que en lo más intrínseco de la película se haya un conflicto personal de la directora y del territorio que su familia habitó: el ascenso del narcotráfico en Medellín, la figura de Pablo Escobar, los diferentes ataques-bomba en esa ciudad y la continua persecución por parte de la guerrilla y los paramilitares a los antioqueños. Las Razones del Lobo se adhiere a los documentales actuales y presentes sobre intelectuales y defensores de los derechos humanos asesinados y perseguidos en ese territorio de nuestro país. Reconozcamos que esa región no es enteramente un estereotipo de derechas y godismos, ha existido pensamiento crítico y reaccionario en sus diferentes clases sociales, incluyendo a las más elevadas: “Los ricos también lloran y por cada sicario muerto cuatro hijos de papi”, escuchamos en determinado momento. Así, en la película se incorpora toda condición social que hace parte de la devastadora historia del conflicto armado y la guerra en Colombia.


THE DAMNED, 1969

LUCHINO VISCONTI



Las familias de élite las hay en todo el mundo. En The Damned se trata de una familia-firma: Von Essenbeck es el apellido y son alemanes; viven en una mansión y asimismo cada una de ellas y ellos viven en cuartos (o tendrán otros hogares y escondites) separados, lo que hace que existan micro-historias, mentiras y secretos. Los Essenbeck se dedican al trabajo de artículos hechos en acero —más tarde aprenderemos que fabrican y venden armamento—. Los grandes salones presentados por Luchino Visconti albergan banderas con el símbolo Nazi y luego, en cada expresión e idea dicha por los personajes se hace clara la cercanía de su colectivo familiar a ese partido. La secuencia crucial en esta película es el misterioso asesinato del abuelo, abaleado a quemarropa en su habitación en la noche de su cumpleaños. El hedor a crueldad y apocalipsis infesta de inmediato cada escena presentada. Es ciertamente una película sobre maldiciones y sangre derramada. Pocos quedan vivos y son los verdugos quienes ascienden a definitivos seres canonizados por la oscuridad. “Somos una élite, todo está permitido”, afirma uno de los simpatizantes. Sin pretender una postura literal sobre esa idea, estos individuos actúan naturalmente como si el instinto paramilitar hiciera parte de sus órganos. El automatismo de venganza y asesinato es ejecutado incluso entre familiares y amigos cercanos. Nadie está a salvo. Es el festín de la muerte donde todos pueden ser presa. En ese plan Gunther y Martin son los jóvenes ambiciosos y mezquinos de la familia, quienes van hasta el final y compiten por la herencia total de la firma. Pero es Martin el personaje más importante por su pobre estado mental y odio connatural; odio que usa el grupo paramilitar Sturmabteilung —este ejército del mal va vestido todo de negro— para el aprovechamiento de los recursos que tiene la familia en relación a la producción de armas en masa. Esto, en síntesis, dice mucho de la manipulación causada por un movimiento político a las clases sociales más ricas, a las que saquean y arruinan en nombre de su ruin ideología. Se puede decir al mismo tiempo que esas clases beligerantes crearon a dicho movimiento. Monstruo al que le crecen veinte brazos y trescientos colmillos, redefiniendo a los creadores como víctimas y no beneficiarios. Hay pequeños pero resonantes momentos en donde se deja ver el mojigato accionar de los personajes: la presencia de hombres no-binarios que hacen drag; soldados entre jóvenes y mayores que alcoholizados tienen sexo entre ellos; la perversión sexual y el incesto. The Damned es feroz, posee temperamento de crueldad sin humillar al espectador logrando exponer los horrores históricos que se adhieren al fascismo.


NOTEBOOK ON CITIES AND CLOTHES, 1989

WIM WENDERS



El Centre Georges Pompidou de París le encomendó esta película a uno de los rostros del Nuevo cine alemán. Cuando se le ofertó la idea, Wim Wenders no quería saber nada de ‘moda’. No obstante, con la película decide descubrir esa industria que compara con la nuestra: la del cine. El diseñador que escoge para la historia es al japonés Yohji Yamamoto. Wenders usa el formato del diario y anuncia que esta será una película sobre ciudades y ropa. Ciudades por el tránsito que se establece entre geografías. El diseñador trabaja en diferentes ciudades y lo que transita junto a él es ropa; también un equipo de trabajo entre modistas, modelos, fotógrafos y otros artistas. Punto en común entre moda y cine, donde grupos de personas trabajan conjuntamente en la creación de obras de arte. Al inicio y en la introducción de su película, Wenders habla sobre el desplazamiento que la fotografía análoga sufrió con la aparición de las imágenes electrónicas. La multiplicación de las imágenes en la época contemporánea es abismal. Todos los días millones de imágenes se reproducen infinitamente en nuestros dispositivos digitales. Se considera que el original de una película es su copia análoga. Cosa poco probable en nuestros días porque las películas proliferan en la órbita de internautas y son descargadas o vistas en diferentes plataformas de streaming. En ese sentido Notebook on Cities and Clothes me hace pensar en la moda como un arte todavía en estado de originalidad —e invito a pensar en visionarios del vestido y no en maquilas de moda rápida—. Los vestidos y ropas hechas por Yamamoto no se reproducen electrónicamente como las imágenes y a mí, por diversos motivos, me parece eso una de las cosas más virtuosas del diseño de vestuario y el diseño de moda. Allí encuentro que los milagros enigmáticos del arte ocurren con mucha más frecuencia. Esos vestidos presentados suelen ser originales una vez en la pasarela, luego de que termina la presentación desaparecen o son archivados y cuando algún cliente solicita el diseño se realiza un nuevo modelo a la medida del solicitante. Esa industria obliga a crear originales cada tanto manteniendo en firme la creación y expresión artística de sus autores.


EXISTENZ, 1999

DAVID CRONENBERG



Me parece que en nuestros días al corazón y el cerebro, el celular inteligente y otros artefactos tecnológicos se han sumado como órgano imprescindible del cuerpo humano y de las relaciones entre ellos. Precisamente, la película de Cronenberg es sobre la anatomía de la especie humana, situada en una remota distopía futurista, pálida y malcarada. En eXistenZ se hace imprescindible una consola de videojuegos, que parece un cerebro o montículo de carne movediza. Los videojuegos se accionan conectándose a la consola a través de un cordón umbilical que penetra la espalda de los jugadores. La conexión entre consola y jugador ocasionan una hibridación entre realidad e irrealidad. Se produce en los personajes la eventual pérdida del sentido objetivo y racional. El único compromiso del jugador es seguir la historia de su personaje en la que muchas veces no sabe con qué motivo ocurren las historias que lo truncan, lo único realmente claro es que se reciben o intuyen indicaciones de cómo proceder o a dónde ir. En eXistenZ está la idea de adoptar un personaje, seguir su vida y aceptar el curso natural de sus experiencias. Como si quien decide aceptar fuera batería y energía de un avatar del mundo digital. De otro modo se podría escribir sobre adicciones. Esta es la historia de dos jóvenes junkies. La drogadicción es provocada por los videojuegos que les permite huir lejos de sus días cotidianos. Cuando juegan visitan un mundo que carece de estructura moral o que tiene una estructuración no tan clara. Allí parece que cualquier cosa puede pasar. El futuro en 1999 era el nirvana tecnológico, la mátrix enemiga, androides transespecie y reptilianos encubiertos. La película de Cronenberg hace parte de esas otras películas viscosas que imaginan los siglos por venir como una reformulación de los órdenes entre realidad e irrealidad —vivamente impulsada por la industria tecnológica y de realidad virtual—; con ello poniendo en el plano del cuestionamiento el orden moral universal. Pensemos la actualidad, nuestras relaciones interpersonales son mediadas por los dispositivos y las redes sociales; y yo creo que ya nos conectaron al videojuego.


LA FIANCÉE DU PIRATE, 1969

NELLY KAPLAN



“Esa puta los hechizó”, “Puta come hombres”, son algunas de las obscenidades dichas por los residentes de un pueblo granjero francés a Marie, la protagonista de esta película. La Fiancée du pirate a diferencia de A Taste of Honey, muestra a una mujer sin el apoyo de su madre, quien se encara a la cruel realidad que le rodea por su propia cuenta. De hecho, es el fallecimiento de la madre el que motiva la creación de un plan en defensa de su integridad y libertad —que en un primer acercamiento podría parecer vengativo—: sexo por dinero, creación de riqueza, puesta en ridículo de sus abusadores y la eventual huída del pueblo. Yo creo que Marie es una heroína porque se libera de un establecimiento de roles humillantes. La jovencita era vista nada más que como gitana, extranjera, pobre y mal vestida. Sin embargo, esa marginalidad le es atractiva a los hombres del pueblo y también despierta interés en una de las mujeres. Lo que ella observa en ese rol es la posibilidad de asumirse como trabajadora sexual y cobrar por lo que hace, permitiéndole reconstruir su rancho de madera en un burdel de papel maché y otras decoraciones plásticas. Uno de los momentos que yo mismo quisiera ver una y otra vez es ese ritual de belleza que la pone en marcha. Primero, disponiendo la revista que tiene ilustraciones de labios carnosos y rosados, de esta leyendo un artículo titulado Le Maquillage de Nelly. La protagonista usa una mezcla de frutos rojos para el rubor y ceniza de fósforo como delineador de cejas y párpados. Su paso de mujer en uso a mujer comandante es radical, Marie está lista para exponer a los hombres que le pagan por sexo y otras fallas del pueblo. Del final es claro que nada puede contra el registro de la voz y que la heroína tendrá un futuro radiante en compañía del pirata que la seduce. Los habitantes del pueblo quedan atrás y parece que no van a dedicar mucho tiempo al cambio de sus conductas. Nelly Kaplan es la directora.


por Sebastián Abril