• Néstor Martínez

Youth, de Paolo Sorrentino


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Alguna vez le oí decir a un amigo que un año puede pasar muy rápido, pero que un instante es eterno. En ese entonces no comprendí muy bien lo que quería decir, pero el día en que vi Youth por primera vez pensé en esta frase nuevamente justo cuando contemplaba una escena que me dejó desarmado, y sin que pudiera hacer nada para oponerme, me arrancó un par de lágrimas. Creo que este filme logra construir instantes que dejan marcas, de esas que perduran. Uno puede olvidarse de algún personaje, de varias escenas y hasta de la trama... pero ciertos momentos son tan fuertes que a mi modo de ver, trascienden el carácter efímero de los estímulos que recibimos diariamente y no podemos deshacernos de ellos con facilidad. Aquí tenemos instantes en los que una verdad es insinuada pero jamás se responde completamente, son momentos incitadores de deseos y recuerdos más no anunciadores de verdades unidireccionales.

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Me llaman la atención sus personajes profundamente nostálgicos y reflexivos que encuentran en la nostalgia la única distracción posible ya que no creen en el futuro. Se encuentran en una constante búsqueda de memorias perdidas en el pasado, ahogadas en el mundo superficial del que ahora hacen parte. Su nostalgia es una especie de lucha contra el olvido

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El argumento gira en torno a dos amigos que se encuentran en sus años de vejez, pasando unas vacaciones en un hotel para famosos. Uno de ellos es un músico prodigio retirado y el otro un gran director de cine, quien está construyendo el guión de su última película. En ese hotel misterioso, serán testigos de las rutinas monótonas así como de las excentricidades de los demás inquilinos, en una especie de búsqueda de aquellos momentos esenciales de la vida, que trascienden lo efímero.

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Algo adicional para destacar son sus elementos estéticos. Sorrentino es un gran observador de lo especial en lo cotidiano y plantea grandes secuencias de montaje que establecen ritmos y relaciones musicales en lo simple. El hecho de que el protagonista sea un músico sensible hace del diseño sonoro algo muy interesante, ya que el personaje encuentra música tanto en el mugido de las vacas como en un papel que se arruga. Los personajes secundarios son fascinantes dentro de sus rutinas y en muchos momentos son partícipes de momentos indescifrables que funcionan como aquel elemento disonante dentro de una composición musical que terminan haciéndola más exquisita. Finalmente, para no alargarme, es intrigante el manejo que se le da a los sueños y fantasías que en momentos se mezclan de forma tan fuerte con la realidad, que diferenciar los límites entre uno y otro espacio se convierte en una tarea retadora.